Punks y ancianidad, una foto para el recuerdo


El Abuelo viajeroMi abuelo fue un viajero empedernido. Si algo en el mundo le gustaba más que su Palencia natal, era viajar y descubrir. Y en ello puso empeño durante toda su vida, de una forma u otra, siempre se las arregló para conocer otros lugares.

Octogenario y aún con ganas de marcha, mi abuela no quería ya traqueteo y él sentía que a esa edad no debía viajar solo así que nos invitaba a los más cercanos a viajar con él. Me tocó en suerte Berlín, ciudad y país que no conocía y que me gustó más de lo que había imaginado. El clima nos acompañó, la organización del viaje no tuvo percance alguno y disfruté muchísimo su compañía y la de los alemanes que conocimos.

Viajar con una persona anciana tiene muchas ventajas. La gente, por regla general, respeta las canas y las arrugas y el trato suele ser más agradable en las típicas situaciones “estresantes” de un viaje turístico: colas, esperas, gentíos, calorinas… que a veces son situaciones de riesgo para la tercera edad.

En contrapartida tiene sus dificultades. Los viejos son niños grandes en todos los sentidos, trastadas incluidas. El abuelo comenzaba a tener síntomas de desgaste y entre ellos se agudizaba la desorientación. Así que uno de mis cometidos era no perderlo de vista un solo instante y no era tarea sencilla, una de las características vitales del abuelo fue la independencia.

Por otro lado, yo me las prometí muy felices imaginando mañanas y tardes de tranquilas visitas y noches para mi disfrute personal. Resultó que mi abuelo tenía pilas para dar y regalar y me llevaba al trote por Berlín, repostando una cervecita y salchicha con chucrut (menú tamaño germano) cuando las fuerzas escaseaban, siguiendo un plan trazado en las, esas sí, tranquilas tardes de su Palencia querida, del que me había hecho un somero esbozo en el trayecto del avión. Cuando Berlín, según su punto de vista, se quedó pequeño, un rápido vistazo a los trayectos ferroviarios y decidimos pasar un día en Potsdam y con espíritu algo más aventurero nos fuimos a Dresden decidiendo sobre la marcha si hacíamos noche o no. Es decir, mañanas y tardes sin descanso, noches en el hotel a descansar.

A estas alturas del viaje, casi finalizando, nos dio por recorrer Berlín en transporte público decidiendo de un sitio a otro que queríamos ver después. Reconozco que yo acusaba signos de cansancio y me sorprendía observando a mi abuelo, que con sus momentos más bajos, seguía el ritmo sin ningún problema. En uno de los trayectos en U-bann, el metro al descubierto berlinés, se subieron al vagón en el que estábamos tres punkis de los de foto londinense, que no postal, no sé si me explico. Despeinado coloreado, cresta y pinchos de marras, ropas agujereadas, perrazo también despeinado, brebaje incalificable en botella de plástico reciclada y sonido ambiental martilleante proveniente de algún aparato musical. Su estado era bastante borroso y hasta yo, que nunca me he asustado ante tribus urbanas, sean del color que sean, me alarmé viendo el cuadro en cuestión. En el vagón se instaló un ambiente de incomodidad y, esto es una interpretación mía y muy personal, creo que mi abuelo decidió que había que romper el hielo y una lanza por la juventud alternativa y empezó a lanzarles preguntas en español sobre su indumentaria. Yo, alucinaba, sin más.

Intenté entenderme con ellos en inglés y cruzamos unas sonrisas. Entre ellos se hablaban mirando a mi abuelo, no tengo ni idea de que se contaban. Se despidieron y salieron del vagón, momento en el que mi abuelo me agarro del brazo me acercó a su lado y me hizo un gesto indicando que el olor que despedían no era de su agrado. Me eché a reir, se echaron a reir el resto de pasajeros del vagón y me volví a sorprender pensando como este señor octagenario seguía intentado aprender y comprender en cada momento de su vida. La incomodidad había desaparecido.

He tardado muchos años en empezar a escribir sobre él. Recuerdo muchos momento vividos juntos que aún me hacen pensar ¿qué se le estaba pasando por la cabeza?. Y para mí que he ahí el quid de la cuestión de las personas independientes, probablemente sus motivos también lo son.

De los punkis, por motivos que supongo podéis entender, no tengo foto alguna. Mi abuelo es el señor que luce arriba tan majo.

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2 respuestas a Punks y ancianidad, una foto para el recuerdo

  1. Meri dijo:

    Ole,ole y ole…no puedo decir más sin quedarme corta!

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