Pelos y más pelos


Es una lucha encarnizada la del aspirador, la escoba y la fregona contra los pelos de nuestras mascotas. Tanto el gato como el perro se pasan el día jugando y frotándose el uno con el otro. Casa arriba, casa abajo, estanterías, armarios, escaleras, sofás… todo es una manta de pelo color canela bimodal. Por un lado el pelo del perro duro como agujas que no hay quien saque sino es con cepillo. Por el otro el del gatito, que está mudando el pelo de cachorro por el de adulto, una especie de nube que se condensa en bolas que recorren los suelos y muebles sin decoro. En fin, que por no irme por las ramas, algunas de las cosas que he tenido que modificar, por ejemplo, es la secuencia en la que pongo lavadora, limpio suelo del salón y tiendo. Antes hacía colada sin tener que pensar en el suelo, pero desde que los pelos inundan el hogar, debo aspirar y luego fregar antes de colgar la ropa a secar, porque los dichosos pelos trepan. Un tostón. Pues en esas estaba cuando aparece Susana. “¿Cómo has entrado?” “Tu novío salía y me he colado”, me dice con un puchero a medio estallar en la cara.  Sigo tendiendo y me empieza a contar que su marido se ha echado otra. ¿La peluquera? No, otra. Joder con el tío. Esta no sabe cómo se gana la vida, sabe que la chupa muy bien, que se lo ha dicho él. Rompe a llorar e intento consolarla. Por lo visto ella no se la chupa lo suficiente, y él se ha buscado a otra que sí. ¿”Básico” es lo mínimo que se puede decir? me pregunto mientras la escucho. “Y lo peor no es la comparación” sigue. “Lo peor es que él no me lo chupa a mí y a mí me da igual”. Buaaa, buaaa, buaaa. ¿Pero te quiere dejar? Nooooooo, pero no quiere dejar a la otra y aunque me diga que la deja, ¿será verdad?. Llegados a este punto, me levanto a echar un ojo a las codornices escabechadas que tengo al fuego y de paso echo al gato de la encimera, donde chupaba la espumadera. Cierro la puerta de la cocina y me siento con Susana. A ver guapísima, tú ¿qué echas en falta?. Qué esté conmigo en casa, qué pase tiempo con nuestros hijos, qué hagamos barbacoa como hacíamos antes, no sé, esas cosas. ¿Sabes lo qué puedes hacer? Pásale una factura por las horas que pasa con la otra y no está contigo haciendo lo que tiene que hacer, vamos en concepto horas /marido. Porque conseguir que deje a una que se la chupa bien, no lo vas a hacer a no ser que le duela donde más le duele, en el bolsillo. O eso, o se la cortas a cachitos, que total para lo que tú la usas últimamente. Huele profundamente a vinagre, ostia, las codornices que no he bajado el fuego. Entro en la cocina y esperando lo peor abro la cazuela, y están bien. Añado unas mandarinas y limón y a cocer a fuego lento. Susana se ha marchado. La estaba contando lo de desglosar el IVA de la factura, pero creo que por hoy ha tenido bastante. Hay días que al menos se rompe la rutina, aunque sea a costa de las lágrimas de una amiga. En fin… le doy un traguito al oporto del escabechado.

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