Tiene bragas la cosa…


Estaba cerrando detalles sobre el alquiler del apartamento al que me mudaba. Un mini-duplex, moderno, luminoso y vacío. El propietario, que administraba varios inmuebles de su propiedad, me comentaba algunas curiosidades e idiosincrasias del oficio de “casero”, en aquel pueblo en el que todos se conocían (yo no, acababa de llegar). Entre las anécdotas que me comentó, me explicó que él no entraba ni salía en lo que cada uno hacía o no hacía en su casa una vez firmaba el contrato de alquiler. Si amueblaba, decoraba, limpiaba o no limpiaba, mientras a la hora de dejar la vivienda está quedará en el mismo estado en el que se había encontrado. Sin embargo había una cosa que no podía soportar. Y me dijo en palabras textuales: me parece bien todo, menos tener que entrar a solucionar algún arreglo y encontrarme las bragas tiradas en el suelo. Cosas de la vida, fobia tan curiosa ha venido a mi memoria desde entonces en repetidas ocasiones. Será de tratado?

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